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UXMAL
Yucatán, México.
Visitado desde 1841 por J. L. Stephens y F. Catherwood, que publicó
notables dibujos, Uxmal fue intensamente explorado y restaurado
durante el siglo XX.

El sitio presenta dos características principales: fundado hacia el
año 600 de nuestra era, en el momento de la expansión maya, tuvo una
ocupación continua hasta mediados del siglo XVI, sin sufrir el
mítico “colapso” del siglo IX. Por otra parte, asocia tendencias
estilísticas variadas que lo hacían inclasificable en la época en
que los mayistas distinguían en Yucatán un estilo Puuc norteño de un
estilo Chenes más central. Hoy se reconoce en Uxmal influencias
diversas, que desde su fundación se unieron en un punto de
equilibrio sutil entre la austeridad de las líneas, heredada del
Altiplano Central mexicano, y la exhuberancia muy maya de los
mosaicos de piedras que cubren las fachadas.
Uxmal cuenta con una quincena de edificios o de grupos
arquitectónicos repartidos en 60 ha, sin un ordenamiento especial
explícito. Cerca de la entrada actual del sitio, se levanta la
imponente Pirámide del Adivino que domina el espacio a 30 metros de
altura. El edificio tuvo, entre 600 y 1200, cinco etapas
constructivas notables. La restauración actual –que no es muy
legible y se aleja indudablemente de su apariencia original- permite
ver el templo de la cuarta etapa, llamado Templo IV, en el segundo
piso del basamento piramidal y el de la quinta y última etapa, en la
cúspide. El Templo IV corresponde a los estándares mayas de la zona
a finales de la Época III, se abre hacia la fachada oeste con una
puerta plasmada en el hocico abierto de un Jaguar estilizado.
El Templo V, en la cúspide, combina el espíritu tolteca de la Época
IV y la tradición anterior. La pirámide lleva en sus dos fachadas
este y oeste unos tramos de escalones de una verticalidad bastante
acentuada. La escalera oeste se asienta en el interior del
Cuadrilátero de las Aves, patio rectangular limitado por unas
construcciones al mismo nivel, cuya restauración se realizó en
1997-1998. Este conjunto comunica, por medio de un pasaje con
bóveda, con el Cuadrilátero de las Monjas, llamado así por los
españoles que lo vieron como un convento de religiosas. Este último
se compone de cuatro construcciones largas edificadas alrededor de
un patio central de 65 X 45 m y que distribuye series de cámaras
dobles con bóveda, según la técnica salediza. Llama la atención la
decoración de las fachadas: a unos motivos puramente geométricos a
base de cuadros, rombos, grecas o frisos de pequeñas columnas, se
añaden serpientes entrelazadas, cabezas de aves, mascarones del dios
Chaac finamente esculpidos y chozas tradicionales que albergan
nichos, los cuales debieron acoger antiguamente unas estatuas. El
conjunto data de los siglos VIII y IX.

Al sur del sitio, otro grupo monumental adopta esta configuración:
el Palomar, esta compuesto de diez cámaras con bóveda y en la parte
media un porche también con bóveda. El edificio norte está rematado
por una extraña crestería que ofrece una sucesión de cuerpos
piramidales calados. De este elemento arquitectónico proviene el
apodo del edificio, de originalidad notoria en la zona. Se trata de
una reinterpretación tardía de la crestería individual de los
templos mayas de los siglos anteriores, duplicada aquí en una serie
intencionalmente repetitiva y, sin embargo, elegante.
Orientado hacia el este, el Palacio del Gobernado es una
construcción de tres partes de 120 m de largo, con un tramo de
escalones dando hacia una gran explanada. Su majestuosa fachada
combina la austeridad de sus líneas sobrias con la sofisticación de
un friso en mosaico de piedra en que se imbrican unos mascarones del
dios Chaac en una red de grecas escalares. El edificio caracteriza
el arte maya de finales de la Época III. Un poco aparte, al sureste,
la Pirámide de la Vieja o Casa del Enano, atestigua el primer
periodo de ocupación del sitio (templo con crestería), mientras que
al oeste, el Grupo del Panteón conservó elementos decorativos más
tardíos (friso de cráneos y de huesos humanos). Hay que anotar
también un juego de pelota, de dimensiones modestas, y un área en
que se encontraron grandes falos de piedra, de aproximadamente un
metro, de época tolteca.
El parque arqueológico se puede visitar a 75 klms. al sur de Mérida.
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