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CHICHÉN-ITZÁ
Yucatán, México.
Este sitio se extiende en un área de mas de 10 klms. cuadrados sobre
la llanura caliza, sembrada de matorrales, propia del paisaje de del
norte de la península yucateca.
Chichén-Itzá, “el pozo de los itzáes”, fue fundada en el siglo VI o
VII por un grupo maya conocido con el nombre de itzáes, cerca de
unos cenotes que dieron su nombre al sitio.
El centro ceremonial que se erige entonces evoca el estilo
arquitectónico llamado “Puuc” de Uxmal, Kabah o Sayil. Luego, en el
momento de la ola tolteca del siglo X, Chichén Itzá funge como
capital para unos migrantes mexicanos que, según la tradición,
habrían llegado de Tula, guiados por su jefe
Quetzalcóalt
(Kukulkán en maya).
La ciudad decae en el siglo XIII, en el momento en que el poder pasa
a manos de los jefes de Mayapán, pero permanece habitada hasta la
Conquista. Sus habitantes impedirán que el conquistador Montejo la
convierta en la capital colonial de la zona. Esos dos periodos
diferenciados son totalmente visibles en el sitio, al grado de que
se llama Chichén Viejo a la parte sur que corresponde al periodo
maya y Chichén Nuevo a la parte norte producto de la ocupación
maya-tolteca más tardía.
El conquistador español Francisco de Montejo, ocupo en 1548 la
ciudad y establecío aquí la primer capital española de Yucatán. El
sitio y sus monumentos principales, como el Cenote, fueron descritos
por el Obispo Diego de Landa en 1566.
Un número importante de exploradores y de arqueólogos se interesaron
desde entonces en esta ciudad. Citemos en particular a Stephens y a
Catherwood en 1843, Le-Plongeon en 1875, Charnay que hace
fotografías de los monumentos, Maudslay que dibuja el plano de las
ruinas en 1888, Maler que visita el sitio hacia 1884, Holmes quien
va en 1895. De 1904 a 1911, el cónsul de Estados Unidos, Edward
Thompson, por cuenta del Museo Peabody, explora el cenote de los
Sacrificios y descubre numerosas ofrendas (piezas de orfebrería,
joyas y objetos de jade, cobre, objetos esculpidos de hueso y nácar,
etcétera). Las primeras labores de conservación inician en 1923,
bajo el patronato del INAH y de la Carnegie Institution de
Washington. En los años sesenta, el INAH y la National Geographic
Society exploran de nuevo el cenote, y descubren más ofrendas
preciosas. En fechas más recientes, Chichén Itza se benefició de un
programa especial de exploración, restauración y valoración dirigido
por P. Schmidt (1993-1994). Los vestigios del periodo maya son
visibles al sur del centro ceremonial. El “Edificio de las Monjas”
es en realidad una gran construcción piramidal con una escalera
central, que fue reconstruido en la época tolteca; pero se pueden
observar varios elementos de su estado anterior. Muy cerca de ahí,
la “Iglesia” es una construcción aislada, con una decoración
flamígera de mosaicos de piedra, con crestería y friso de grecas
escalares y mascarones de Chaac. El “Anexo” es también un pequeño
templo de estilo Puuc, cuya fachada está atiborrada de decoraciones.
Si bien no hay estelas grabadas en Chichén-Itzá existe en cambio una
escritura glífica sobre dinteles; pero las fachadas registradas son
tardías (siglo IX).
Más al sur, comunicados por un sendero de un kilómetro, se
encuentran otros vestigios de Chichén Viejo, en particular el
“Templo de la Serie Inicial” (10.2.10.0.0) y el “Templo de los
Dinteles” en precario estado de conservación.

La parte norte del sitio aparece como una ciudad del altiplano, de
características muy toltecas, que contrasta con los sitios mayas de
Yucatán.
De modo general, su arte es particularmente sangriento. Ilustran
esta inspiración guerrera los tableros esculpidos del juego de
pelota principal, en que surgen los chorros de sangre, en forma de
serpientes, cabezas decapitadas de jugadores, el tzompantli, con las
cabezas de muertos, los bajorrelieves de la “Casa de las Águilas”,
en que rapaces y jaguares devoran corazones humanos, la pintura
mural del “Templo de los Tigres”, en que se desarrolla una batalla
entre toltecas y mayas, los numerosos chacmooles diseminados en el
sitio, que recuerdan en todo momento el don de ofrendas
sacrificiales, el “Templo de los Guerreros”, con sus columnas
decoradas con hombres armados, y naturalmente, la presencia del
Cenote de los Sacrificios, donde se arrojaba a las victimas
enjoyadas (hombres, mujeres y niños).
Además, observemos la omnipresencia de la serpiente emplumada,
característica de los toltecas, en forma de rampas, (dicha serpiente
flanquea las escaleras de las pirámides, y su cabeza descansa sobre
en suelo) o en forma de columnas, como en el pórtico del Templo de
los Guerreros a el pórtico del santuario de la pirámide de El
Castillo, en que la cola del crótalo soporta el dintel. La pirámide
en talud con escaleras sobre los cuatro costados también es un
aporte septentrional visible en las pirámides de El Osario y del El
Castillo.
Está ultima es un edificio de nueve cuerpos, de plano cuadrado, con
55 m de lado por 30 de alto, más bajo y voluminoso que las
estructuras piramidales mayas. El Templo de los Guerreros también
esta formado de una estructura piramidal cuadrada con cuatro partes.
Al sur de El Castillo, el famoso Caracol el llamado así por su
escalera en esta forma. Quizá se trate de un templo dedicado al dios
del viento y no de un observatorio astronómico. De modo global, la
semejanza con Tula es sorprendente. Sin embargo, se seguirán
empleando elementos mayas en la época tardía, mezclados con la
arquitectura tolteca, como los mascarones de Chaac del Templo de los
Guerreros, dándole al conjunto del sitio un tono particular. Chichén
Itzá fue declarado patrimonio cultural de la humanidad por la
UNESCO.
El parque arqueológico se localiza a 120 klms. al oeste de Mérida y
a 180 de Cancún.
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