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ABAJ TAKALIK o
TAKALIK ABAJ,
Retalhuleu,
Guatemala.
Se sitúa a 600 m de altitud, en la frontera del altiplano y la
franja costera del Pacífico Guatemalteco, en el municipio de El
Asintal a 15 klms. por carretera asfaltada desde la ciudad de
Retalhuleu. El nombre en lengua Quiche significa “Piedra Parada”
Esta localización se refleja perfectamente en los vestigios
observables, que ofrecen semejanzas estilísticas tanto con los
sitios costeros de Izapa en Chiapas y El Baúl en Guatemala, como con
los sitios del altiplano guatemalteco, por ejemplo Kaminal-Juyú.
El sitio se extiende sobre una superficie de nueve kilómetros
cuadrados y comprende más de setenta montículos superpuestos en
terrazas artificiales que dominan el estrecho valle del río Ixchiyá.
Está rodeado de tierras fértiles que reciben abundantes lluvias.
Señalado por primera vez en 1888 por el botánico G. L. Bruhl, el
sitio fue designado primero en la literatura científica con el
nombre de San Isidro Piedra Parada, y después, de modo indistinto
con los nombres de Colomba, Santa Margarita, San Elías, Buenos Aires
y Dolores. Para unificar estas denominaciones que suscitan
confusiones, el arqueólogo S. Miles invento en 1965 el nombre actual
del sitio al traducir Piedra Parada al “quiché”. Entonces, Abaj
Takalik no es de ningún modo el nombre prehispánico del lugar al que
también se le puede llamar “Tak’alik Ab’aj”
Aunque visitado por varios arqueólogos renombrados, como W. Lehmann
(1925), E. Thompson (1942) o T. Proskouriakoff (1950), el sitio solo
se empezó a excavar en 1976, bajo la dirección de J. Graham, por
parte de la Universidad de Berkeley, California. Desde 1988, las
excavaciones continúan, a cargo de un equipo guatemalteco dirigido
por el arqueólogo Miguel Orrego Corzo.
El interés del sitio reside principalmente en la coexistencia de un
estilo olmeca y un estilo cercano al de Izapa. Ambos estilos
corresponden a dos fases cronológicas sucesivas (Épocas I y II).
Entre las numerosas esculturas olmecas, se encuentran los
petroglifos del río Ixchiyá (Monumentos 1 y 64), los
Monumentos 14 y 15 que muestran un hombre felino acuchillado, el
Monumento 16-17 que es una estela asociada con la Estructura 7.
Varias esculturas tratan el tema del personaje antropomorfo que
emerge del hocico del jaguar. Otras obras de Época II son parecidas
al estilo de Izapa.
Los personajes enmarcados por una franja terrestre, con elementos
glíficos, y por una serpiente celeste (Altar 12 y Estelas 1 y 2)
atestiguan el parentesco de ambos sitios. Mientras que sobre la
Estela 5 se distingue la aportación de Abaj Takalik al estilo maya,
el personaje que emerge del hocico de la serpiente celeste (Estela
4) o los temas de connotación sacrificial, como el “danzante” del
Monumento 38, nos permiten captar toda la mesoamericanidad de Abaj
Takalik. El sitio sigue activo al inicio de la Época III (máscaras
funerarias en plaquetas de jade, cerámica negra pulida) antes de ser
abandonado hacia el año 500 d.C.
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